La Cinta de Enmascarar

Cinta de enmascarar

¿Qué es lo que hace que el espíritu de la innovación sea parte del ADN de una compañía por más de cien años? Sin lugar a dudas una suma de factores, que permanecen inalterables a través de los años y que derivan en una cultura que atraviesa idiomas y geografías para ser vivida de igual manera en cada sede de la compañía.

Las historias de la innovación han sido siempre una parte importante de nuestra cultura, aunque algunas se han escrito, muchas han ido pasando de boca en boca, sufriendo finalmente algunos cambios que las convierten en desconocidas, incluso, para los que estuvieron involucrados. Es por eso que en ese espacio queremos presentar algunos de los hitos importantes de nuestra historia y al mismo tiempo compartir esas decisiones que hoy son pilares de nuestra cultura.

La Cinta de Enmascarar

En los años 20, dirigía la compañía quien establecería las bases de la cultura de la innovación para siempre; William L. McKnight. En esa época 3M fabricaba y vendía abrasivos, uno de sus vendedores;  Dick Drew,  fue a una fábrica de automóviles para probar una nueva lija. Allí vio como los empleados se quejaban y preguntó cuál era el problema.

Era la época de los autos de dos tonos y el problema que enfrentaban era que no lograban tapar una parte para pintar la otra sin que el pegamento y el papel que usaban levantara la pintura al removerlo. Drew volvió a 3M pensando en la posibilidad de utilizar el adhesivo que se usaba en  las lijas y un papel menos rígido para desarrollar alguna cinta adhesiva que sirviera para esa función.

Drew llevó esta idea a laboratorio y comenzó una larga y frustrante búsqueda de la combinación correcta de materiales para crear la que sería la primera cinta de enmascarar del mundo. Luchó con el adhesivo y especialmente con el soporte y después de un tiempo, McKnight le pidió que retomara su trabajo con el papel de lija.

Drew obedeció la orden sólo por veinticuatro horas y volvió al desarrollo, incluso pidió que se aprobara la financiación de una máquina de fabricar papel, pedido que lógicamente no se autorizó.       Así fue como aplico su posibilidad de realizar compras de hasta 100 dólares y adquirió la máquina por partes. Un tiempo después le contó su estrategia a McKnight, al tiempo que le mostraba la maquina en funcionamiento. El ímpetu de Drew dio como resultado el desarrollo de la cinta de enmascarar y ese producto derivó en el liderazgo de 3M en el mercado de cintas adhesivas, que se extendió a más de 700 cintas para aplicaciones médicas, eléctricas y de la construcción entre otras aplicaciones.

De esta historia surgieron varios principios que McKnight se encargó de instaurarar en la compañía:

Trabajar junto a los clientes. De allí provienen las mejores ideas, de identificar las maneras en las que podemos simplificar y mejorar sus procesos.

Para los supervisores: “si tiene a la persona adecuada en el proyecto adecuado, y está absolutamente dedicada a encontrar una solución, déjela en paz. Tolere su iniciativa y confíe en el”.

Para los investigadores : “si está convencido de que está haciendo lo correcto, siga adelante. No se preocupe demasiado por las consecuencias: es mejor pedir perdón que pedir permiso.”

Para todos los empleados de 3M, creó el onceavo mandamiento: “No matarás una idea”

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